La Ciudad del Motor (MotorLand Aragón) cuenta con un espacio único, de primer nivel internacional, que integra circuitos e instalaciones multifuncionales para competiciones del motor y actividades profesionales especializadas.
El diseño de sus circuitos (velocidad, karting y tierra) ha sido homologado para la realización de pruebas de máximo nivel.
El complejo contempla satisfacer las necesidades de diferentes tipos de público, entre ellos, empresas que puedan realizar eventos, ensayos e investigación, aficionados al motor que acudan como espectadores a las pruebas o como usuarios mediante el alquiler de pistas, e instituciones y otros grupos que puedan desarrollar actividades educativas, formativas o lúdicas.
También atraerá a las grandes escuderías de todas las disciplinas para que realicen sus entrenamientos, aprovechando las innovadoras instalaciones y potencialidades únicas del circuito de velocidad y las singulares características del clima de la zona, idóneo para la preparación de los equipos profesionales.
Nuestros apartamentos son una clara apuesta en la oferta de
alojamientos de Alcañiz y Motorland, que por su proximidad los
hace idóneos para el descanso de quienes realicen cualquier
actividad en las instalaciones de la Ciudad del Motor de Aragón.
EL CIRCUITO DE VELOCIDAD:
Diseñado por Herman Tilke, uno de los más importantes diseñadores de circuitos del mundo, con la colaboración del piloto de F1 Pedro de la Rosa, asesor técnico del complejo.
El circuito
Motorland en Alcañiz, tiene una longitud de 5.345m y una anchura de 12 a 15 metros.
Ocupa una superficie de 1.320.00m2 y cuenta con una recta principal de 1.726m que lo convierte en un referente internacional para la realización de pruebas de aerodinámica.
En referencia a la pista del circuito de Velocidad de
Motorland , es destacable los desniveles con que cuenta y las
escapatorias y medidas de seguridad de que dispone. Estas dos
características hacen a mi criterio, que el piloto sienta
verdaderas sensaciones y a su vez se vea protegido. De esta
circunstancia se beneficia el público, pues la conducción de
esta manera, suele ser mas agresiva y espectacular.
Las instalaciones que ofrece Motorland a sus clientes
como son los boxes , pit lane o parking, son amplias y
modernas, con conexiones de todo tipo y salas especializadas. Y
con multitud de servicios tipo bares-restaurante, lavaderos,
aseos y duchas dignas. Pero lo mas importante es que nos ofrecen
rodadas para motos y tandas para vehículos a aquellos que no
somos profesionales.
Inaugurados en 2007.
Motorland cuenta con una unidad de circuitos de tierra y ofrece distintos tipos de circuitos:
Supermotard: Circuito mixto de tierra y asfalto con zona de dubies y meseta asfaltada. Motocross: Circuito de arena fina Autocross: Ha albergado diversos campeonatos nacionales y Europeos,
muy divertido y seguro para el piloto y espectacular para el
público con muy buenas zonas para acomodarse. Of Road: Es el
último se finalizo a mediados de 2010 y Motorland puede estar
satisfecho, pues es un recorrido muy largo y a su vez recogido,
idoneo para test ...y para ocio.
Diseñado por Jaime Nogué (GPO) reconocido diseñador de circuitos en España.
240.000 m2
Circuito con la máxima homologación en nivel A por CIK-FIA para pruebas internacionales.
El circuito está plenamente operativo para competiciones, pruebas, formación, empresas, alquiler de karts, socios, tandas, etc. Ha albergado ya competiciones tanto a nivel nacional como internacional de diferentes disciplinas deportivas.
El circuito Guadalope no puede ser visto
exclusivamente como una instalación deportiva; de hecho, nunca ha
sido una instalación deportiva, salvo durante escasas horas al año.
Los mejores pilotos de España han atravesado sus calles, (o debería
decir su pista), a más de 200 km/h, los sponsors han dado color a
sus curvas más conocidas y los principales medios de comunicación
españoles han narrado los acontecimientos que daban vida a Alcañiz
los primeros días de Septiembre. Sin embargo, las “carreras” en el
circuito Guadalope siempre han sido, por encima de todo, un
acontecimiento social e histórico relevante
Lo más
sorprendente no es la razón por la que una pequeña ciudad, en una de las
provincias con menos nivel de desarrollo, pudo concebir un circuito urbano
de velocidad. Lo realmente inverosímil es cómo Alcañiz consiguió mantener
su evento durante décadas, llegando a ser, durante los años 80, motor de
las competiciones automovilísticas nacionales en circuito. Las “carreras”
de Alcañiz surgieron del pensamiento osado del Doctor Repollés en 1965. El
circuito era “imposible”, con dos puentes sobre el río Guadalope, cuya bruma
invernal impregna el meandro sobre el que se asienta Alcañiz. El nombre del
circuito no tenía discusión. Más de la mitad del trazado estaba situado “al
filo” de impresionantes barrancos, y el firme de la recta principal no era
de asfalto, sino de… ¡adoquines! Era época de coeficientes en las pruebas, y
las “carreras” de Alcañiz tenían uno modesto, inferior al de circuitos
consagrados como Montjuitch, o novísimos como Jarama, que vio la luz
también en 1965. Años de circuitos urbanos, sin apenas medidas de
seguridad, y de accidentes mortales, que fueron cerrándolos: Granollers, La
Coruña, Tenerife… hasta el venerado Montjuitch naufragó en aquel
tempestuoso mar de espectadores y pilotos muertos de los años 70.
Alcañiz, su comarca, y España entera, fueron aplaudiendo “in
crescendo” las curvas de este temido y adorado circuito. Los coches
potentes fueron poblando las parrillas cada vez más numerosas en el
Guadalope. De las preparaciones populares tipo Seat Nardi, se pasó
a los GT de la época, coches de calle tan deportivos que eran
prácticamente de competición, como los Porsche 904 y 906. Y por fin,
los sport y prototipos FIA; los mismos coches y pilotos que se
partían el alma y el chasis en “Les Hunadieres”, en “Tarzán”, en
“Mistral” o en “Raudillon”. Los Ford GT 40, Porsches 907, 908, 917,
de Soler Roig, Bagration, Fernández, Juncadella… Y las “copas”
monomarca. Sí, los míticos R-8, cuyas parrillas de salida asustaban
al más pintado, ya que metían 25 coches en menos de 80 metros, en
una recta sin guardarraíl, aproximadamente dos metros más estrecha
que la actual –las últimas parrillas que Emilio y yo pintamos a
principios del presente siglo ocupaban casi 300 metros-.
Los años 80
resumen en una década la historia del Guadalope. El resurgir del trazado
después del accidente de 1979, cuando Evaristo Saravia se salió en plena
recta de meta, destrozando farolas, buzones de correos y su recién estrenado
Seat 124-2000 Gr.2. Y otro nuevo resurgir, después de la tragedia de 1985,
cuando dos hijos de alcañiz fallecieron en La Glorieta, arrollados por el
coche menos potente que iba a competir ese fin de semana en el XVIII Premio
Ciudad de Alcañiz. Era el fatídico minuto 18 de los entrenamientos de la
Copa Nacional R-5 iniciación. Los 80 fueron los años de mayor número de
inscritos, de las “barquetas” de montaña –Lola T-290, Osella PA9, el
engendro de Pietro Radi con motor marino…-. También fueron los años del
récord, en que Juan Fernández se arrebató a sí mismo la vuelta rápida que
tenía desde 1970. 1´33´´64 fue el tiempo definitivo que la organización
homologó en 1984 a un promedio de 149´9 km/h. Sencillamente aterrador.
Muchos sitúan el declive del Premio Ciudad de Alcañiz en 1991, con
los graves accidentes de Javier Mora en entrenamientos y de Juan
Ridruejo en carrera. Desde esta edición el circuito Guadalope pasó
de ser un “plus” que añadía nuevos pilotos y sofisticados coches a
los campeonatos de España de automovilismo a ser denostado y
odiado. El paradigma de los 90 fue un creciente desprestigio, con
equipos y pilotos altamente profesionalizados que apostaron de una
forma inequívoca por la supresión del circuito Guadalope. Cuando en
1998 la RFEA negó la autorización necesaria para organizar el XXXII
Premio Ciudad de Alcañiz no hizo sino certificar la imposibilidad
material de seguir organizando de una forma “amateur” una prueba
automovilística en un circuito urbano a finales del siglo XX. Fue
la Némesis de una tragedia anunciada. Fue el destino fatal que
durante décadas estuvo esquivando la tenacidad de una ciudad, que
vivió “sus carreras” como algo más que un acontecimiento deportivo,
pero que no pudo al fin resistir la propia fuerza de la razón que ya
acabó con Montjuich 23 años antes.
Por eso,
Motorland no es en realidad, sino una prolongación del circuito Guadalope.
Porque es una obra imposible de entender y construir en ningún otro sitio
que no sea Alcañiz. Por que escapa a las razones del deporte y hunde sus
raíces en el tejido social de una ciudad que vive “sus carreras” como un
acontecimiento humano de dimensión histórica. Porque ha sido “gestado” y
“parido” como una madre “gesta” y “pare” a un hijo; con la fuerza y las
razones arrebatadoras del corazón. Apostado en “Los tres pinos” cierro mis
ojos y puedo sentir la misma intensidad que cuando agitaba la bandera
amarilla en la parrilla de salida del circuito Guadalope. Allí puedo
contemplar todo cuanto deseo y quiero; los coches de carreras en el marco
inigualable del Bajo Aragón.